Creemos en ser castos
Del Quórum de los Doce Apóstoles
La obediencia a la ley de castidad aumentará nuestra felicidad en la vida terrenal y hará posible nuestro progreso en la eternidad.
Mi mensaje responde una pregunta fundamental de gran trascendencia espiritual: ¿Por qué la ley de castidad es tan importante? Ruego que el Espíritu Santo confirme la veracidad de los principios que resaltaré.
El plan de felicidad del Padre
La importancia eterna de la castidad sólo puede comprenderse en el contexto global del plan de felicidad de nuestro Padre Celestial para Sus hijos. “Todos los seres humanos, hombres y mujeres, son creados a la imagen de Dios. Cada uno es un amado hijo o hija procreado como espíritu por padres celestiales y… tiene… una naturaleza y un destino divinos” (“La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129). Todos los hombres vivían con Dios como Sus hijos procreados en espíritu antes de venir a la tierra en calidad de seres mortales. El plan del Padre permite que Sus hijos e hijas procreados en espíritu obtengan cuerpos físicos, adquieran experiencia terrenal y progresen hacia la exaltación.
La importancia del cuerpo físico
Nuestro cuerpo físico posibilita una amplitud de experiencias profundas e intensas que sencillamente no podríamos obtener en nuestra existencia premortal. De este modo, nuestra relación con otras personas, nuestra capacidad para reconocer la verdad y de actuar según ella, y nuestra habilidad de obedecer los principios y las ordenanzas del evangelio de Jesucristo aumentan por medio de nuestro cuerpo físico. En la escuela de la vida terrenal, experimentamos ternura, amor, bondad, felicidad, tristeza, desilusión, dolor e incluso los desafíos de las limitaciones físicas en modos que nos preparan para la eternidad. En pocas palabras, hay lecciones que debemos aprender y experiencias que debemos tener, como dicen las Escrituras, “según la carne” (1 Nefi 19:6; Alma 7:12–13).