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Jeffrey R Holland


Si pueden infundir en sus alumnos el deseo de contraer  un compromiso principal en respuesta al incomparable sacrificio del Salvador por ellos: el pago por sus transgresiones y Su dolor por sus pecados, traten por todos los medios de que sea el de la necesidad de obedecer y de someterse en sus momentos de tribulación “a la voluntad del Padre” (versículo 11), cueste lo que cueste. No lo harán siempre, como ustedes y yo no siempre lo hemos hecho, pero debería ser su meta, debería ser su objetivo. Lo que Cristo parece estar más ansioso por recalcar sobre Su misión, más allá de las virtudes personales, los magníficos sermones e inclusive más allá de las sanidades, es que Él sometió Su voluntad a la del Padre.

Demasiadas veces somos personas obstinadas; por lo tanto, que el mensaje que el Salvador tiene para cada uno de nosotros es que nuestra ofrenda, al igual que la de Él, sea “un corazón quebrantado y un espíritu contrito” (véase 3 Nefi 9:20; D. y C. 59:8). Debemos despojarnos de nuestros deseos egoístas y llorar por nuestros pecados y por los del mundo. Debemos rogar a los demás que se sometan a la voluntad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No hay otra forma. Sin compararnos demasiado con Él, porque eso sería sacrilegio, sepan que la copa que no puede pasar es la copa que llega a nuestra vida al igual que llegó a la de Él. Se recibe en una escala mucho menor, en mucho menor medida, pero la recibimos las veces necesarias para enseñarnos que tenemos que obedecer, sin importar las consecuencias.   (Enseñando, Predicando, Sanando, Liahona enero 2003, Pág. 22).

Jeffrey R Holland


Las Escrituras dicen: “Y se os dará el Espíritu por la oración de fe; y si no recibís el Espíritu, no enseñaréis” (D. y C. 42:14). Esto nos hace saber no sólo que nada enseñarán, o que no serán capaces de enseñar, o que enseñarán de forma ínfima; no, es más que eso, es la forma imperativa de la segunda persona del plural: “No enseñaréis”. Si lo cambiamos a la segunda persona del singular (No enseñarás), suena como el lenguaje del monte Sinaí: es un mandamiento. Éstos son los alumnos de Dios, no los de ustedes, como la Iglesia es de Dios y no de Pedro ni de Pablo, ni de José ni de Brigham.
 

No se desanimen. Dejen al Espíritu influir en ustedes de maneras que tal vez no vean ni reconozcan. Lograrán más de lo que se imaginan si son puros de corazón y tratan de vivir de la forma más recta que les sea posible.   (Enseñando, Predicando, Sanando, Liahona enero 2003, Pág. 21).

Jeffrey R Holland


Por favor, enseñen por el Espíritu Santo. Si no lo hacemos así, según las Escrituras estaremos enseñando “de alguna otra manera” (D. y C. 50:17). Y cualquier otra manera “no es de Dios” (versículo 20). De todas las formas posibles, den a sus alumnos la oportunidad de tener experiencias espirituales (…)   (Enseñando, Predicando, Sanando, Liahona enero 2003, Pág. 18).

Jeffrey R Holand


Oren para que sus enseñanzas produzcan cambios. Oren para que sus lecciones sean la causa de que algún alumno ponga en práctica lo que dice la letra de una canción ya olvidada: “Enderézate y sigue el plan de vuelo” (Nat King Cole, “Straighten Up and Fly Right”, 1943). Deseamos que los alumnos enderecen su vida y que sigan el plan. Deseamos que sean bendecidos, felices en esta vida y salvos en el mundo venidero.   (Enseñando, Predicando, Sanando, Liahona enero 2003, Pág. 17).

Jeffrey R Holland


Sin embargo, creo que nuestra enseñanza puede conducir a cierta sanidad de naturaleza espiritual. No puedo creer  que tanto de lo que escribió Mateo se enfocara en el ministerio del Salvador a la gente con problemas, afligida y consternada, si no hubiera un propósito. Y como sucede con el Maestro, ¿no sería maravilloso medir el éxito de nuestra enseñanza con la sanidad que ocurre en la vida de los demás?

Permítanme ser más específico. Cuando enseñen, en vez de limitarse a simplemente dar una lección, tengan a bien esforzarse un poco más por que el espiritualmente ciego héroe del básquetbol vea realmente, o por que la espiritualmente sorda reina de la belleza escuche realmente, o por que el espiritualmente inválido presidente del estudiantado realmente camine. ¿Podríamos esforzarnos un poco más por fortalecer a los demás de una manera tan poderosa que, sean cuales sean las tentaciones que el diablo ponga en su camino, ellos sean capaces de resistir y de esa forma y en ese momento estar realmente libres de maldad? ¿Podríamos esforzarnos un poco más por enseñar de una forma tan poderosa y espiritual que podamos realmente brindar ayuda a esa persona que sienta soledad, que viva sola, que llore en la oscuridad de la noche?.   (Enseñando, Predicando, Sanando, Liahona enero 2003, Pág. 14-17). negrilla y subrayado añadido