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Pte Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia

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Vengan a la luz

Sí, de vez en cuando nuestra vida quizás parezca afectada por la oscuridad o incluso envuelta en ella. A veces la noche que nos rodea parecerá opresiva, descorazonadora y temible.

Mi corazón se aflige por las muchas penas que algunos de ustedes enfrentan, por la dolorosa soledad y los miedos abrumadores que quizás estén experimentando.

Sin embargo, ¡testifico que nuestra viva esperanza está en Cristo Jesús! Él es el verdadero, puro y poderoso acceso a la iluminación divina.

Testifico que, con Cristo, la oscuridad no puede prevalecer. Las tinieblas no obtendrán la victoria frente a la luz de Cristo.

¡Doy testimonio de que la oscuridad no puede permanecer frente a la resplandeciente luz del Hijo del Dios viviente!

Los invito a cada uno de ustedes a abrir su corazón a Él. Búsquenlo mediante el estudio y la oración. Vengan a Su iglesia, aprendan de Él y de Su evangelio, participen activamente, ayúdense unos a otros y sirvan con gozo a nuestro Dios.

Hermanos y hermanas, aun tras la noche más oscura, el Salvador del mundo los conducirá hacia un amanecer gradual, dulce y radiante que sin duda surgirá dentro de ustedes.

Al caminar hacia la esperanza de la luz de Dios, descubrirán la compasión, el amor y la bondad de un Padre Celestial amoroso, “en [quien] no hay ningunas tinieblas”9. De esto testifico; en el nombre de Jesucristo. Amén. (La esperanza de la luz de Dios, Liahona Mayo 2013, pág. 76-77)

Pte Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia

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La luz se allega a la luz

Puede que haya algunos de ustedes que sientan que los invade la oscuridad; quizás se sientan agobiados por la preocupación, el miedo y la duda. Para ustedes y para todos nosotros, repito una verdad hermosa y certera: la luz de Dios es real. ¡Está a disposición de todos! Da vida a todas las cosas1. Tiene el poder para atenuar la punzada de la herida más profunda; puede ser un bálsamo sanador para la soledad y la enfermedad de nuestra alma. En los surcos de desesperación, puede sembrar las semillas de una esperanza más resplandeciente. Puede alumbrar los valles de dolor más profundos, iluminar el sendero que tenemos por delante y guiarnos a través de la más oscura noche hasta llegar a la promesa de un nuevo amanecer.

Éste es “el Espíritu de Cristo” que “da luz a todo hombre que viene al mundo”2.

No obstante, la luz espiritual rara vez viene a quienes simplemente se sientan en la oscuridad a esperar que alguien mueva un interruptor. Se requiere un acto de fe para abrir los ojos a la luz de Cristo. La luz espiritual no puede discernirse con los ojos carnales. Jesucristo mismo enseñó: “Soy la luz que brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprenden”3. Porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”4.

La esperanza de la Luz de Dios, Pte Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia

clip_image002Quiero contarles de una mujer que creció en una habitación llena de oscuridad; la llamaré Jane.

Desde que Jane tenía tres años, constantemente la golpeaban, menoscababan y maltrataban; la amenazaban y ridiculizaban. Despertaba cada mañana sin saber si sobreviviría hasta el día siguiente. Quienes debieran haberla protegido eran los que la torturaban y permitían que el maltrato continuara.

Para protegerse, Jane aprendió a dejar de sentir. Como no tenía esperanzas de ser rescatada, se endureció contra el horror de su realidad. En su mundo no había luz, así que se resignó a la oscuridad. Con una insensibilidad que sólo puede resultar del constante e implacable contacto con el mal, aceptó el hecho de que en cualquier momento podía perder la vida.

Entonces, a los 18 años, Jane conoció La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El gozo y la esperanza del Evangelio restaurado penetraron su corazón y aceptó la invitación de bautizarse. Por vez primera, la luz entró en su vida y vio un camino radiante ante ella. Dejó la oscuridad de su mundo y decidió irse a estudiar lejos de la persona que la maltrataba. Al fin se sintió liberada del ambiente oscuro y maligno, libre para disfrutar de la dulce paz y la sanación milagrosa del Salvador.

CUATRO TÍTULOS, Pte Dieter F Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Cuatro títulos

POR EL PRESIDENTE DIETER F. UCHTDORF

Segundo Consejero de la Primera Presidencia

 

clip_image002Quisiera mencionar cuatro títulos… que pueden ayudarnos a reconocer nuestras funciones individuales en el plan eterno de Dios y nuestro potencial como poseedores del sacerdocio.

Mis queridos hermanos y amados amigos, estar con ustedes me llena el corazón de gratitud y regocijo. Felicito a los padres y a los abuelos que han traído a sus hijos y nietos; y también a ustedes, los jóvenes que han decidido estar aquí hoy. Éste es el lugar donde deben estar. Espero que sientan la hermandad que nos une y ruego que aquí, entre sus hermanos, se sientan integrados y encuentren apoyo y amistad.

Los hombres a veces nos damos a conocer por medio de títulos; muchos de nosotros tenemos varios títulos y cada uno dice algo importante sobre nuestra identidad. Por ejemplo, algunos títulos describen nuestra función en la familia, como hijo, hermano, esposo y padre; otros describen nuestra ocupación en el mundo, como doctor, soldado o artesano; y algunos describen nuestros cargos en la Iglesia.

Hoy quisiera mencionar cuatro títulos que creo se aplican a todos los poseedores del sacerdocio alrededor del mundo; títulos que pueden ayudarnos a reconocer nuestras funciones individuales en el plan eterno de Dios y nuestro potencial como poseedores del sacerdocio en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.